Ojalá me sirviera de transporte una canción de The Cure como lo hace una de Fania All Stars. Que una canción como Lullaby me llevará a los lugares que me lleva por ejemplo Viva tirado. Imposible. Es una imposición inextricable, una de tantas, como la familia, el nombre y la nacionalidad. Es una cicatriz que disimulo. Me consuelo al no ser el único, ni el más patético. Por ejemplo, ver a muchos costeños, Cartageneros para ser exactos, metidos en pantalones entubados, botas militares y con la camiseta del estampado clásico Fear of the Dark de Iron Maden . Increible, ver a mi amigo Checho, después de la agitación frenética de su larga cabellera hirsuta, buscar, con mi complacencia, una rocola clandestina, impensable para el gueto, donde escuchar aquel vallenato que le dedicó la Chechi, una ex novia no superada. Escucharlo repetir la letra, ¡y con acento!, con una pasión similar o mayor a las, pobremente pronunciadas, del miedo a la oscuridad.
