octubre 11, 2010

Refugio

Espero llegar a la amplitud de un abrazo, aunque puede ser uno de los normales, prefiero que sea, en uno de los días especiales; reposar en el valle palpitante de tus pechos incipientes, para descubrirme en mi tierra, en mi casa, en mi refugio. Sé que hablamos poco para lo que tenemos que decirnos, y de nada servirían las palabras, seguro. Dejo de preocuparme por todo aquello que debería destruirnos, todo lo que podría alejarnos, porque, de forma inexplicable, me siento adormecido mentalmente por el aroma vegetal de tu piel lunareja, o del aroma artificial de tu cabello negro. Dejo de pensar y eso debería ser buena señal. En fin, como a veces podría decírtelo, cuando quedamos atrapados en la quietud, me siento en confianza en ese lugar propio y sin domicilio.




2 comentarios:

Sofía_ Selegna dijo...

me gusto, me llego

Vincent dijo...

Me gustó mucho. Cálida entrada en verdad. Se apetece.

¡Saludos!