noviembre 30, 2010

Tiempo de regresar


Mirar por la ventana, componer con las imágenes en movimiento. Tantos potreros y manchas blancas que, por el contraste con negro, podrían ser vacas o algún cromo repetido de los llanos, aunque con la velocidad del autobús es poco lo que se diferencia. Podrían ser fantasmas, un vínculo con los tal vez. Ni las montañas, que volvería a encontrar, por la escases en la planicie, que con su tamaño geográfico le sirven de aliciente, sin el ahogo repentino de un concepto arcaico, ese de que la tierra es plana y en lontananza espera un abismo, caída perpetua. Jerónimo, al que seguían las garzas caminaba por la rivera del rio con la canasta llena de pescados, mientras recordaba, él, un proverbial amaestrador de aves silvestres a las que compensaba con pequeños peces plateados que pescaba con un costal de fique, en los meandros del Vaupés, el día en que bajo de la cordillera oriental con sus padres adoptivos, nunca como ayer, nunca como hoy, en la silla del autobús de regreso, imaginó que la costumbre es tan buena maestra, tanto para la supervivencia como para el olvido. Ya se sorprenderá, de nuevo, con los cafetales y las serpenteantes carreteras destapadas, tanto o más que con las sabanas inundables, las plantaciones de palma y la sensación de libertad.

La imagen fue tomada del blog EL Extranjero: http://vincent-el-extranjero.blogspot.com/2010/11/mi-horizonte.html

noviembre 25, 2010

Vimos caer las hojas

El jardín lo había regado sin prisa. Algo del purpura de las flores preferidas seguía entre los verdes lustrosos; el tiempo de la florescencia había pasado y de eso los pétalos descoloridos, las hojas secas y las arrugas cerca de los ojos grandes e insinuantes podrían dar una señal. Pasaba las mañanas entre los restos de la familia, alguna novela mexicana y los manuales de bricolaje para señores. Sin un hombre, los arreglos más sencillos pasaron a ser un reto, aunque nada que un buen libro no pudiera enseñar. Las fotografías amontonadas en cuanta mesita o superficie libre, le habían llenado de rostros conocidos y sonrisas puestas la amplia, saturada y solitaria casa de dos plantas. Algunos de los cojines de los sillones tenían cortadas irregulares que descubrían el color a espuma sintética ya que los gratos se aburrieron de destrozar las alfombras y las patas de los muebles que, aunque en ruinas, seguían con la limpieza rutinaria de los tiempos de la familia. Carmenza Duran, Carmencita, nunca dejaría de regar los crisantemos, cada tercer día en la tarde, ni abandonaría la casa por muy grande que le quedara, porque el recuerdo de los suyos es lo único rescatable dentro de los numerosos cuartos, las paredes empapeladas y de su vida en marchitez.

Reseña

En un libro titulado “las vísperas de la decadencia” Laura Edwards, resume, de manera magistral las razones del porque levantarse en las mañanas mismas –días anteriores a los hechos- son ante todo una mezcla entre aburrimiento, pesadumbre, anacronismo y dolores abdominales. Sin duda, las aproximaciones al mal de perro, descrito en otros de sus libros, en donde lo describe como la insoportable sensación de malparidismo, respaldan la tesis de que antes del guayabo de una parranda vallenata el cuerpo describe una especie de adivinización, trayéndonos el futuro malestar de los tragos horas antes de la ingesta del alcohol. ¿Interesante, no? Pero absurdo. Lo cierto es que Laura, caribeña de nacimiento, pero con sangre europea, con las vísperas, quiere de una vez por todas identificarse con la peor de las causas, la de un nacionalismo improductivo, de pertenecer a un país y a una región ajena a su estirpe de ingleses flemáticos y sin ritmo para el folklor costero. Lastima. Porque entre alguno de esos párrafos inmaculados aparecen chispazos de novedad, con la que quiero cerrar la reseña del libro de la semana: “Eche, será aceptar que nadie se muere en la víspera”

noviembre 22, 2010

Lord Eward I

Se abrió la puerta y debió ser Henry, el cuidandero, quien miraba sin norte desde el interior de la casa. Sus ojos no alcanzaban el cenit desde los nueve años, edad en la que, siguiendo a su padre como un remordimiento, inició los difíciles rudimentos del oficio de un mayordomo; nunca dejó de ser un poco ensimismado, en feliz retraimiento, a pesar de que su padre le repitiera a diario que la potestad de su señor se mide por la soberbia del mayordomo.

Había noticas de él en la ciudad, en los cafés del centro, en los que aterrizaban como murciélagos los mayordomos de las casas vecinas, las amas de llaves, los conductores y el personal de la cocina, pasada la tardecita de los domingos, cuando los condes despedían temprano al personal, algunos como un recurso de sana soledad y todos, sin remedio, como obligación legal. En realidad, eran menos las tasas de café que las copas de ron o las botellas de vino barato que nunca alcanzaban, mediada la cortesía de los propietarios –también ricos comerciantes de alucinógenos – como el combustible para sacar los secretos de sus mejores clientes.

¿Qué desea el señor? – pregunto con una voz ronca de matiz metálico.

Necesito a Robert – contesto con serenidad el hombre que curiosamente revisaba el brillo de sus zapatos.

El señor Robert no está en condiciones de atenderlo por el momento –dijo sin verle a los a los ojos- si gusta puede dejar su mensaje que yo le haré llegar a prontitud.

A la sugerencia le siguió un minuto no tan silencioso, tal vez por el efecto del ladrido de los perros.

Dígale que Edward está esperándolo- continuó el visitante quien, mientras, se sacaba uno de los guantes blancos- dígaselo, seguro que saldrá a mi encuentro.

Discúlpeme pero no lo creo. El señor Robert se encuentra en su dormitorio, como todos los sábados en la mañana, y, si no ha salido para las nueve, es posible que no salga en todo el día.

¿No cree que deba ser un arrebato de soledad?- Dijo Edward ya con las manos libres -Las personas famosas sufren de eso Henry – y la mirada del cuidandero se poso en él por primera vez, quizás por mencionar un nombre, casi en desuso- pero no hay problema, acérqueme a su puerta y ya verá como después de una pequeña conversación retoma ese cándido humor por el cual le tenemos tanto cariño.

En un acto de vandalismo, para la época, le puso la mano izquierda sobre el hombro correspondiente, que todavía erraba en la puerta entre abierta y lo miro fijamente mientras se acercaba mas a su rostro sorprendido. Con una voz más baja, casi susurrante, dijo ahora, seguro de impedir un probable portazo en la cara con la punta del zapato negro inmaculado, debida inclinación, en milisegundos, para corroborar que el brillo permanecía. La orden fue precisa: “Deseará no haberme enfadado…hagamos esto pacíficamente”

No creo que sea el indicado para decírselo o para comprobarlo, pues puedo ver en usted a una persona astuta - le decía con un tono militar, ya dentro de la casa, mirando para todos los lados posibles y casi empujando a Henry - lo único que puedo decirle es que, para el día de hoy, ese encierro es a causa mía. Dígale que soy el amigo Edward y que estoy aquí para esperarlo en el estudio. Pero que mi espera no será perpetua y se reduce a la caducidad del día; y si es preciso, con toda la vergüenza que para el significa, echará la puerta abajo y eso –su jefe lo sabe muy bien- no es una exageración.

Henry obedeció.

Dígame Henry – le dijo mientras se acomodaba en el sillón enorme de cuero sin pliegues, a donde lo había llevado antes de subir con el mensaje - ¿Qué hace usted para ponerle emoción a su vida? Todos necesitamos de una actividad, un incentivo, donde sentirnos arrebatados por el triunfo, por el vértigo. Algunos practican un deporte, otros invierten en la bolsa, crean o perfeccionan negocios, algunos, incluidos su ex – jefe, prefieren el juego.

noviembre 18, 2010

Sin remitente

Al reverso venia pintado un Hippocampus, el papelito, de un blanco impreciso, había resultado inesperado dentro del libro de biología. Las frases no eran menos de cuatro, pero resumían todo el rencor de una mujer ofendida. El dibujo, contradictorio para el mensaje, estaba dibujado con calma y coloreado, si los tonos de grises pueden asociarse bajo esta definición, siguiendo la dirección de los anillos que enmarcan el cuerpo rígido. En los ojos había puesto una de las piedras de fantasía, del color de los rubíes, cuidando en dejar los ángulos más agudos se apoyaran sobre el papel; unas baratijas que guardaba en una cómoda que ayudé a construir. El cajón inferior –he repetido, que fue por las instrucciones ambiguas del libro de instalación- tiene un juego especial, de jalonazos rápidos, para poder abrirse. Agradezco que me escribiera. Que se tomara el tiempo para maldecirme. Así les compruebo que, hasta en los peores momentos, siempre hubo comunicación entre nosotros.

noviembre 15, 2010

Me gustaría extrañarte

El olvido y sus contradicciones. Leemos para sumergirnos, escapar, recordar, hablarnos a nosotros desde la biblioteca universal, desde las palabras que otro organizó. Muchas veces el tiempo no reside, pasa nervioso, como mi viejo, que siempre se quitaba los zapatos para no despertarnos en la noche, en sus días de tragos, pero que por desgracia, las escaleras viejas lo delataban siempre; de igual forma ante una lectura que nos hace apóstoles en fe ciega. Tomamos fotografías, grabamos videos, componemos un diario. Queremos que todo se quede tal y como está, o fue. La memoria es como un jarrón de icopor, llena de poros, inestable. Quisiera recordar el placer de una lectura, la forma en que estabas vestida ese primer día, el olor de la piel en retrospectiva, como la primera emanación del chocolate caliente, alborotando los sentidos. Quisiera recordar completo, me explico: traer todo el paquete sensorial de un momento en particular; es imposible, mucho se pierde, se olvida. Peor aún, mi memoria es terrible. Lo demuestra el hecho que ahora disfruto de las re-lecturas y lo hago como si fuera la primera vez que leyera esos libros. Tengo un montón de fotografías que muy a menudo me sorprenden, ¿eso soy yo? - digo. Leo mis pocos diarios y los encuentro lejanos, como si escribieran de otra persona. Aunque agradezco tener esa pésima memoria, le debo un beneficio: olvidarte pronto y dejar de sentirme así. Sin embargo: me gustaría extrañarte.

El regreso II

Se encontraron el otro día en el café. Un café cualquiera. Rita en uno de sus mensajes había hablado de este tipo de lugares en la literatura, al menos, en la literatura que ella frecuentaba. Si alguien –decía ella- quería encontrarse en uno de esos libros elegía un cine, un parque o una cafetería, o un café, como se le ha llamado últimamente; antes, en una cafetería, servían café y algunos panecitos, se fumaba, se jugaba al billar; ahora, un café, es lo mismo, pero sin el cigarrillo y la mesa de billar. Por casualidad, como esos libros de barata, no existió un lugar mejor que Donato, la cafetería menos pública del sector, un poco romántica por las luces altas y amarillas, algo que debería haber hecho sospechar a José Enrique.

¿Que es lo que enseñas allí?-dijo ella

Formulación y evaluación de proyectos de inversión.

¿No crees que la elección del oficio del personaje es una tarea complicada? – Continuó después de llevarse al tasa al boca- lo digo porque si fuera una escritora verdadera y tu mi personaje elegiría a un profesor universitario, un tipo que diera una clase parecida a la que das tu, finanzas o administración general, con lo que una revisión no tan exhaustiva de los títulos de algún libro, algún lugar común, total, lo demás es saber disimular…

Puede ser, pero algún administrador que leyera ese libro sabría del engaño.

¿Engaño? Si es que casi toda la literatura es un engaño, solo que los grandes escritores nos vuelven las ilusiones mundos deseables, instantes memorables, momentos perfectos…mira, creo que engañar no es más que uno de los principios de la sobrevivencia del hombre en la tierra, las ciudades, la civilización, el progreso, no son más que ilusiones, artilugios que no responden a un orden, son inventados, no son ciertos.

Responden a un orden, a nuestro orden.

¿Acaso que estudiaste tú José? – preguntó con la sonrisa impertinente de los que buscan hacerse de motivos.

Administración de empresas.

¡Bravo!, la profesión menos problemática para un escritor. Además, ¿qué podría decir un personaje como tu?, algo así como: vengo de la universidad tal, o estudio en la universidad tal, trabajó en una empresa tal; estudiaba en las noches y con mucho sacrificio un posgrado, mi desempeño me llevo a dictar clases en la universidad... redondo, ¿no crees?

A nadie le interesaría conocer la vida de tu personaje si esta no aportara algo a la historia, son unos referentes cualesquiera, pero deben ser relevantes para darle un carácter al personaje, incluso, si esa vida que cuentas sea parecida a la mía, el personaje que captures en tus páginas nos se parecerá en nada a mí.

¿Adivine? –Rió complacida- ¿No me digas que mi ficción es tu realidad?

noviembre 08, 2010

El regreso

A la espera del anuncio, tomó su cuarta tasa de café cerrero preparada por el mismo ante la adversidad de la diabetes: un signo fatal en su anónima pero prolífica genealogía. Dentro de las ramificaciones algunos pocos de renombre, muchos conformistas, dos suicidas, un cura, un posible homosexual, y, por el momento, ningún escritor famoso. ¿Debería asumir con valentía esta terea? –se preguntaría en voz de uno de sus personajes.  Y no hizo más que conformarse con el destino.

Un papeleo insistente lo perseguía por cada pulgada de su escritorio victoriano, cada palabra suya hecha presa de la tinta y cada idea contenida, en estrechez, en la pobre sintaxis de los nacidos bajo la mecanografía de índices y pulgares. Se amontonaba en las hojas cuadriculadas, sin enmiendas, salidas todas en automatismo del escribidor – troquelador; automatismo en una línea de producción: las letras y los párrafos como quien vende arepas y necesita vender mucho para ganar algo. Regresaría y lo sabia en el mismo momento de la despedida aunque quería recibir de su público algo de aclamación, una llamada, un e-mail…Y lo recibió todo, incluso una llamada extraña en horas incomodas, navaja filosa para un matrimonio inestable. Terminó la tasa quinta, o la quinta tasa, por ello de los giros literarios, a eso de las once menos cinco, y leyó algunos de los mensajes, con detenimiento y alborozo, antes, claro, de la llamada.

Del automatismo hizo carrera y de esa especie de posesión literaria, como el médium que invoca al pequeño Larousse ilustrado, conquistó cada tonta primeriza universitaria. Rita María, quien había llamado esa noche, más que una seguidora, una bloguera, es una mentirosa metódica, cruel asesina de palomas y traficante de monografías o tesis de grado para la universidad donde Enrique es profesor. José Enrique Bustamante, señor por el bigote, acumulación de lípidos y algo de calvicie prematura, sin embargo, aún sigue en los treinta, seis, para ser exactos; había sido, por el azar de una moneda de doscientos, la nueva fuente de ingresos para Rita, quien estaba hasta las braguetas de redactar, leer y fusilar. Fusilar, como un sinónimo de fraude.   

Quiero uno para mi, solo para mi- decía Rita; él, claro, estaba en la fría extensión de la terraza, el lugar menos público de la casona, lejos del espectro radiofónico de los oídos de su esposa; ella secuestrada, afortunadamente, al lecho, por un lumbago incapacitarte de los fríos bogotanos. Mándame uno, no sabes cuanto lo necesito. Mientras fumaba recordaba esas últimas palabras, y recordaba a un poeta autentico cuyo soneto hablaba de las necesidades especiales, las suyas y las de Rita María: la debilidad del artista, su público, la del criminal: la victima.

Continuará....

octubre 21, 2010

Percolator

Imaginaste el paisaje aquel, contenido en la instantánea de la vieja polaroid, lo viste, lo deseaste, mucho antes de que el obturador hiciera de las suyas. Recuerdo que cuando viste la imagen surgir como fantasma sonreíste malvada por tener el poder natural de atraer con la imaginación hasta lo más ridículos momentos. De vez en cuando saco la fotografía de una caja decorada, de tantas que dejaste esparcidas por la casa de los viejos, y veo aquel potrero greñudo, las montañas en monotonía de los cafetales y, sobre todo, aquel árbol de guayaba donde balanceabas las piernas colgada en una de las ramas. La imagen no está muy enfocada, parece ser que la única parte nítida son algunas ramas secas, cerca de tus hombros desnudos.

Fue en pascuas donde atrajiste la cafetera. Nunca hicimos de mormones con el asunto del café aunque odiábamos por igual la religión como los cafés de greca; definidos precisamente como los hijos de la gran puta. Pero ni siquiera las palabrotas arruinaban los gestos de mujer educada. Fue un viernes, cansados de la mezcla indefinible de agua de panela y café, servida a todas horas en la casa de los abuelos que nos llevo a reclamar los hedores, menos farsantes, del destilado grecario; ¡así estaríamos de desesperados! Y fue cuando cerraste los ojos para pedir, como en trance, una cafetera, artículo imposible en el reino de la gran puta. Pensé que allí quedaría, y para siempre, toda esa palabrería tuya de los libros de auto-ayuda; tal vez sería la tumba de ese tema inacabable de la "visualización" y "del universo conspirando" Debo reconocer que estuve a punto de creer en toda esa basura seudocientífica y más aún con la aparición milagrosa del aparato dentro de uno de los carros de cachivaches, único, olvidado, pero funcional.

octubre 11, 2010

Refugio

Espero llegar a la amplitud de un abrazo, aunque puede ser uno de los normales, prefiero que sea, en uno de los días especiales; reposar en el valle palpitante de tus pechos incipientes, para descubrirme en mi tierra, en mi casa, en mi refugio. Sé que hablamos poco para lo que tenemos que decirnos, y de nada servirían las palabras, seguro. Dejo de preocuparme por todo aquello que debería destruirnos, todo lo que podría alejarnos, porque, de forma inexplicable, me siento adormecido mentalmente por el aroma vegetal de tu piel lunareja, o del aroma artificial de tu cabello negro. Dejo de pensar y eso debería ser buena señal. En fin, como a veces podría decírtelo, cuando quedamos atrapados en la quietud, me siento en confianza en ese lugar propio y sin domicilio.




octubre 09, 2010

Rastros

Lo habíamos seguido desde el pasado lunes, uno de los día que elegían los superiores para las pesquisas. Nada extrañaría que un lunes nos despidieran, o mejor, nos mandaran a matar; si me pusieran a elegir (algo que nunca ha sido siquiera contemplado) me gustaría que me descargaran dos tiros en la cabeza, con lo ojos vendados, sentado en una de las sillas que elegimos en los interrogatorios y que para nada son cómodas, como quien quiere viajar en su último y más importante viaje en un asiento, en una ubicación, de tercera categoría. En fin, habíamos pasado las noches en un automóvil desvencijado, comiendo lo poco que arrojaba la calle del centenario, plagada de bodegas y soledad. El tipo aquel, algo menesteroso para ser un pez gordo, llegaba a horas puntuales en una camioneta Ford roja 85, pasaba frente a los otros vehículos estacionados frente a uno de los edificios abandonados, siempre fumando, nunca deprisa y se metía en una de las puertas a medio poner que suponían una guarida espantosa. El teléfono estaba chuzado desde hace meses, pero, o bien adivinaba intervenciones o es que no tenia en las palabras algo que emparentar. Algunos sapos había desaparecido y los informes últimos no eran más que insultos a nuestra suspicacia. De hecho, a menos de unas pistas casuales, el hombre flaco de aspecto descuidado, debería ser un camionero cualquiera.

octubre 07, 2010

Descuido

Al llamado de unos dedos pasaron a cercar la pareja. Dos más tapaban las salidas. Ellos, inocentes, venían atrapados en la inmediatez del conjuro sensual, arrastrándose en besos por el callejón incorrecto.

octubre 02, 2010

Sospechosos

En contraste estaban los Alemanes. Ellos sabían muy bien a quien armarle una guerra y siempre estaban calculando sobre los escritorios ultra ordenados, asépticos y brillantes. Sus peinados nunca sobrepasaban en parentesco al césped de los campos de golf, en donde ahora, venidos todos a menos, paseamos a los perros. Pero no deberíamos preocuparnos, la guerra ya la tendríamos perdida; a un latino el arte de la guerra nunca le ha despertado sensibilidad, como a ellos la salsa o el merengue.

Nos preocupan más los polacos, y eso no quiere decir que las sospechas hacia los bávaros mengüen, por el contrario, algunas mulatas han estado espiando, tanto en los lavados y en la limpieza de los muebles (incluidos los escritorios) como dentro de las sabanas, y de allí, del más antiguo nicho de mercado, algunos pesos extra que a los maridos parecen caerles de maravilla, no importa los comprobados gustos bizarros, en aquellas actividades, padecidos por las señoras. Todo sea por una justa causa.

Así, los polacos: bichos atormentados que nunca son lo que parecen, son el tormento diario del campo de exiliados. Ellos y en menor medida los rusos, que se la pasan cultivando la giba frente a los tableros de ajedrez; no porque sean belicosos, solo es que no pueden con la tremenda sospecha. Refrigeran cuanta conversación pueden, lo hacen detrás de un ingles a metralleta, y a granadas, que dice lo esencial o menos. Las mujeres a falta de lana virgen regurgitan una especia de cinta que van cortando y ordenando en madejas. De allí que sean las mujeres menos apetecidas, además de ser las mas delgadas.

septiembre 22, 2010

Lo que traen los domingos

Eran más de las ocho y las cobijas se volvían toneladas, los párpados persianas oxidadas, los bostezos arengas silenciosas. Nunca los domingos fueron hechos para mí, empezando por las razones que lo precedían, banales razones. El sábado que no conoce de límites y la noche del mismo día que es como el gran agujero negro, un evento espacio temporal que evacua a la mañana siguiente. Entonces volvemos al domingo, la vitrina de hechos que se niegan a desaparecer, el trampolín hacia la piscina desocupada, el hachazo virtual en la cabeza y la resequedad excesiva de los labios.

Ese mañana llovía copiosamente, lo supe por las gotas que chocaban contra el cristal de la ventana cerca de la cabecera, no hacía frio pero no me atrevía a sacar más de la cabeza de entre las cobijas dispuestas, sobre mi, como capullo. Los ruidos en la cocina, al otro lado de la pared, no me importaron al principio, no mientras llegó la aromatización del guiso de cebollas con tomate. Con un olor así es imposible retomar el sueño. La pregunta fundamental no era otra de ¿quién carajos prepara algo en la cocina? Me levanté todavía con los efectos nocivos de la noche del sábado, claro, antes precipité bastante agua residual de un color extraño, incluso preocupante para mi; el olor penetrante de la urea, en todo caso, a esas horas, era normal. Llegué a la cocina y allí estaba ella, la chica de la sonrisa exprés y que si mal no recordaba se llamaba Clara. ¿Un tinto? - dijo la intrusa que debió abusar de mi promiscuidad. Sin azúcar, por favor -conteste con una seguridad engañosa, o por lo menos con la sensación. ¡Siéntate que pronto estarán los huevos pericos; haber si son tan buenos! Me senté obediente, más por el hambre repentina que por su voz de mando.

Hablé lo estricto y ella habló más de lo debido, pero no me importó, aunque eso y la seguridad que me inspiraban sus silabas folclóricas me llenaron de un vértigo desconocido. Sabía que en algún momento se marcharía, pero la idea se diluía en el chocolate, algo dulce para mi gusto. No entendía por qué, mientras su cuerpo oloroso, representado por sus piernas que se movían y me tocaban debajo de la pequeña mesita, hacia cuentas y cálculos; alguna promesa debería estar gestándose en mi cabeza, alguna forma para asegurarme que no se marcharía, o que regresará pronto.


septiembre 18, 2010

Dia del amor y la....

Y asi, mientras cariñosamente masajeaba sus pies, de la forma como ella le gustaba y reclamaba en la noches de los sábados, cuando la pesada carga de la semana tenía un descanzo, él, con su sonrisa de niño extraviado, sus ojos enmarcados en sus enormes gafas, ultimaba los detalles finales del asesinato...

Feliz dia Amigos Bloggeros.

Carretero en transito

Las ventas estaban flojas ese día, en tanto, alimentándose con la mercancía, ya que no había un peso para comprar algo diferente, se había sentado a unos metros de la carreta, debajo de la sombra refrescante de un almendro enorme, un hombre que ofrecía a diario las frutas en cosecha, esta vez los aguacates como una fina margarina dulce, verdes frutos amontonados en una pirámide a escala de la pobreza, en las calles de la vieja y solitaria Villa de Amaral, cerca del puente del centenario y esperando algún bus intermunicipal, compradores ocasionales, tiempos mejores. El calor pegaba de lleno en ese medio día, normal en estos meses de vientos, cuando las nubes se van hacia el norte a darle a los ríos el caudal que los enfurece, por eso no es extraño, aún con las brazas que simulan ser piedras, que los ríos se crezcan hasta llevarse las chozas.  

Al comprobar que era inútil su espera, ya pasados a mejor vida tres aguacates, se acostó en el prado seco y mutilado de las riveras del rio Magdalena: un enorme contaminado que es como la vena cava superior de un país desangrado. Las preguntas, las mismas de siempre, lo acompañan en esa actividad que no es un descanso, es más una tortura, ya que "para pensar profundo se necesita dinero y tener el estómago lleno" diría una noche frente a la hornilla de las arepas. Así, tendido, al ver las hojas maduras, con el tono naranja, no le figuran un tono de las nubes en las tardes de ese agosto de calor infernal, sino que le recuerda su infancia que como si fuera un cuento incompleto, pasando mentalmente las hojas de un libro olvidado en un cajón del tiempo cuyas paginas no cuentan historias sino que exhiben planas, frases repetidas, y como el mismo diría "una historia que no da si quiera para un párrafo"

septiembre 17, 2010

Administración de la locura

A veces la vida se me pasa rápido. Su velocidad no encuentra resistencia a pesar que los misterios ondulan la autopista; acaso ni los reductores de velocidad, ni los policías acostados, ninguno puede contener sus llantas de goma inmaterial.

Otros tantos restos de la jornada pienso en ella. Como la clara de huevo, el blanco que antes del fuego fue una sustancia translucida o como el crujido de una madera, de una lamina de un piso viejo, en un segundo piso, que avisa quien camina por ahí.

Pero en las tardes la locura espera intranquila. Una locomotora que sin riel se pierde por el bosque, llevándose los arboles abajo, descubriendo el suelo húmedo y negro lleno de hojarasca en descomposición.

agosto 26, 2010

Un cucurucho en Santiago

Mientras los acontecimientos ocurrían, en algún lugar de la ciudad salsera, una joven practicante, próxima monja del claustro, oraba por los males del mundo. En sus dedos blanquecinos como planta enredadera se sostenía el rosario. La chica que no superaba los quince estaba arrodillada mirando hacia la claraboya del sótano, en la vieja casa de los abuelos paternos. La luz que podía filtrarse hacia de su rezo la representación de la oscuridad en las almas a veces iluminadas por las tenues migajas de sabiduría del cielo, a quien hace poco le vino en gracia reclutar virgencitas bobas para su ejercito particular.

Sabios son los consejeros familiares, aunque la solución era un poco reprochable, si, pero de nada le serviria a los Amador Gonzales tener a su única heredera como una casta seudo-virgen millonaria haciendo caridades con la fortuna que, mientras se forjó, no respeto credos ni súplicas. Asi que, mientras buscaban una solución a la "locura temporal" supuesta, mejor sería que se quedara en alguno de los numerosos salones interiores de la vieja casa paterna, en algún tiempo utilizadas como bodegas de contrabando, guarida de paramilitares o salas de interrogatorio.

agosto 25, 2010

Cali remember 3

Pero todo fue más fácil de lo que se imaginó. Al cabo de la puñalada, el ángel, que se encontraba como un despojo celestial en los matorrales del cerro, no se percato de la punta que se hundió en el único punto vulnerable, la intersección de las alas, que más bien eran como prolongaciones aerodinámicas parecidas en poco a las extremidades del vuelo en las aves. En fin, dos gotas bastaron, las demás se percolaron en el suelo arcilloso y crearon jades de los cantos rodados. En una ampolleta de vidrio, que antes contuvo algún reconstituyente Corcos o Iván José Cedillo, como era conocido en la tierra, llevó rápidamente hasta Santiago lo que necesitaba con premura. La ciudad lo recordaba imprevisible y lo consentía como al peor de los pródigos. Cali te recuerda con cariño -decía alguno de los carteles promocionales - regresa, te estaremos esperando. Corcos miraba el cartel recordando la proclividad que le había enseñado esa ciudad y la transgresión, el desborde, que nunca le había perdonado. Aún agitado por la maratón, decidió darse un plazo para el recuerdo.

Ivan José Cedillo, anónimo del conglomerado, hijo único, amigo persistente, amante incesante, había nacido para algo importante: morir; su objeto material era la descomposición, su propósito celestial era un pacto: un contrato a término indefinido que consistía en encontrar la forma de rescatar a un alma inocente de los brazos de Belcebú. El alma de una mujer que cuando era Iván José, por casualidad y como en toda historia tonta, se había enamorado. Ahora siendo Corcos, del amor no queda nada, pero el contrato continua.

Llegó al mismo hotel de aquella noche. Antes había comprado comida rápida, unas cervezas y servilletas de textura fina, donde la tinta de los esferos no pudiera diluirse. Tomo las mechas de un trapero nuevo y el latón desocupado de comida enlatada, los sumergió en algo del alcohol que le quedo del esfínter flotador; unió todo con papel aluminio: he aquí una antorcha casera. Se recostó en la cama con todo y los recuerdos, para terminar durmiéndose embebido en el pasado.

agosto 22, 2010

Cali remember 2

Así, mientras bostezaba, entendio cual sería el método. Agustín llegaría en la noche del jueves a la cima del cerro de Cristo Rey, en consecuencia caería desgastado por el viaje cósmico. Sus ánimos, y anima, no se percatarían del acero escondido en la chaqueta ni podría oler las malas intenciones. No por ello, conociendo la asicante malicia del monstruo angelical, tendría que hacer de alma temerosa y tratar de no despertar la menor sospecha. Una gota de sangre bastaba o en su defecto un rastro de alas. Correr, en los dos casos, no era opcional, menos con todas las fuerzas.

Satisfecho por la genialidad de sus planes, volvió a la imagen de la mujer. Marcó el número telefónico en la tabla guija y hablaron por horas, hasta el amanecer, hora en que la conexión se volvía imposible. Las letras y números del indicador piramidal confirmaron que Eliana lo quería aún, en tanto las calamidades de los residentes no la atormentaran demasiado. Eliana, cuyo nombre le resiste a la vida pasada, a veces emerge en la escritura posesa de algún comensal del restaurante, mensajes que son más confidenciales puesto que la guija es evidentemente chuzada por los altos mandos.

Del otro lado del comunicador, en algunos apartes de la conversación, pudo entrever las mustias honras de la perversidad, algo más que esloganes institucionales. De ello se limitó a preguntarse: ¿Que clase de pactos nos libran del infierno? mientras apuraba los huevos, esa mañana del jueves, día del ángel caído –y apuñaleado.

agosto 21, 2010

Cali remember

Gustosa me iría contigo al laberinto -me escribió en la servilleta - seguro saldríamos en un instante; lo único que pido es una antorcha, el esfínter más elástico y un residuo de Adonay. Esas son mis exigencias, tómalas o déjalas.

Mi nombre se veía borroso debajo del texto, pero se podían encontrar las oes siempre atentas, como unos ojos que le dan sonido a dos consonantes débiles. Mi nombre, a diferencia de lo que creen muchos, todavía me es extraño. Al arrugar el papel, y arrojarlo en los reciclables, comprendí que lo único difícil era la divinidad embotellada, porque un esfínter saldría de la anatomía de un cerdo, tan parecida a la humana. Así que me enmascare con el casco y prendí la moto, a unos veinte kilómetros había una granja y el dueño me debía varios favores. El hombre del restaurante, indeciso, me preguntó por la paga del desayuno -por las frases en la servilleta me había olvidado de cancelar la cuenta- pero desde mi insolencia consabida le grite que lo anotara en el cuaderno, que nunca se habían retrasado más de dos meses. Tenía los bolsillos llenos, pude haber pagado en seguida. La motocicleta rugió y deje al hombre con medios pulmones repletos de monóxido.

A la vuelta de la granja el esfínter flotaba en un frasco lleno de alcohol antiséptico. La maquina estaba sedienta de combustible y la cabeza me hacia enredos imaginando la obtención de la esencia. Paré en el motel Sunrise, donde había una gasolinera. Alquilé una pieza en el segundo piso, dentro, acomodado, encontraría la forma de robarle algo de su decadencia al ángel que me trajo hasta el poblado, a veinte minutos de Santiago de Cali. Agustín, lo llamaban, y de ángel solo tenia las alas.

agosto 20, 2010

Cali recuerda

Un sábado, víspera de las fiestas, sentado frente al monumento, sacando punta al lapiz, recostado sobre la banca de madera, con el cuaderno abierto, las ideas frescas, un poco de sol, llegaste para arruinarlo todo.

Viendo la acequia del camino, me había imaginado la estatua del fundador como una marioneta del artista; mirando el agua escasa deslizarse sobre la superficie lamosa del fondo arcilloso, quise inventarme un nuevo personaje: el fundador perverso que jamás durmió una noche en su ciudad y prefería quedarse en las haciendas de la periferia, contemplando las extensas plantaciones de caña y engatusando a las mulatas hijas de los cortadores. El fondo impermeable que cuando llega agosto se cuartea por causa del calor excesivo, tal vez un patrón predecible del relato sobre los próceres: grandilocuentes tratados históricos que no resisten la inspección de la conciencia o el mudo reclamo de los perdedores.

Mi caricatura llevaría al Fundador al margen de los acontecimientos y lo degradaría a un ordinario caza fortunas. Sin embargo, mientras hacia los primeros óvalos de la cara, llegaste para arruinarlo todo. Metida totalmente en el futuro cercano, de las cabalgatas, el furor y la salsa; madrugando como siempre a mantener esas caderas torneadas y el abdomen totalmente plano, no pudiste dejarme sólo allí, con el fresco aire de la mañana, rescatando de la estatua de bronce una probabilidad de acierto, una manera de entenderme, de rastrear nuestro flagelo; no, tenias que mostrarte con esos trajes deportivos al cuerpo y revolverme las ideas con el sensual acento caleño y la voluptuosidad de las mulatas.

agosto 15, 2010

Mi espalda, riñones, intestino e hígado fueron contrachapados. Al artesano que los hizo le agradezco también el perfecto contraste entre musicalidad de la caja torácica y el ritmo del corazón. Mis necesidades básicas, comentaría el violín, son iguales a todos los instrumentos, pero mis necesidades especiales son así, especiales. Cada afinación es un acorde. Cada contraste es un módulo. Cada solo es un orgasmo. Mi contingencia y la efervescencia son tallados con un herramienta afilada, ya que el ego, a veces, es una navaja y otras una herramienta. Al templar mi nervios he aprendido a romperme en notas, pero es mejor oxidarse y dejar en los dedos la marca de la quinta y sexta cuerda, porque los bajos también son los llanos, el suelo que sustenta y al que no le importa si lo escupes o pisas. Mis escritos, mis ideas, mis anhelos son material reciclado.

agosto 13, 2010

El paso

Una autopista extensa, derivada en la distancia, se proclamaba ante ellos cuando todo parecía indicar que pasarían otras horas entre el matorral. La frontera quedó atrás y desde hace un día los amigos, la familia y el pueblo parecen un remoto pasado. La tetera estaba vacía y los víveres consistían en dos latas de atún, medio pan y una bolsa de sal; algunos cerillos impermeabilizados y una navaja que cortaba como katana. La planicie asustaba y las gotas de un nuevo aguacero terminaban por arruinar la mañana. Es lunes, un pésimo día para caminar por tierras extrañas. Es marzo, un mes propicio para el enamoramiento y la nostalgia, nunca para la aventura. Rondamos el 97, un año maniaco, con la exaltación de la individualidad y el compromiso de un nuevo siglo. Con todo, la parte de la ensoñación: la congestión de las ciudades, sobrepoblación, la tabula rasa del optimismo y de hecho las soluciones -no meditadas, sino intuidas- de emigrar al norte. Unidos por la necesidad, aunque aún de amor se hacen cosquillas, peor arresto para continuar las caminatas sin fin: la desconfianza. ¿Es mi amado, de al lado, el correcto?- piensa Aurora, que no puede ver más que sus zapatos mientras avanza en el asfalto; Adidas - elemental walking- confortables hasta que se llenan de agua. La mano que la sostiene es de Fercho, Fernando Luque, quien no tiene pensamientos para describir, no así un deseo, un antojo: escapar.

agosto 12, 2010

A la chica gordita

Apuesta que puedo abalanzarme sobre tu figura redonda. Finge mientras puedas y muestra seguridad, ya sabrás la malicia oculta en mis lentes de astigmático. Te crees poderosa con tus enormes brazos, pero eres frágil. Me miras y decides convencerme como lo hace un mimo, mediante el absurdo complot del silencio y los gestos. Odio a los mimos. ¿Sabes? le temo a los payasos desde niño...eso no debería importarte; pero haces bien el trabajo de hacerme reír. Si fuimos caldo en la hambruna de la humanidad, tu serias la pechuga y yo sería el cilantro. Mientras los muslos seductores de pavo decembrino se meten dentro de esos ajustados jeans y mientras el enorme trasero que sustenta el devenir de la inconstancia femenina o mientras eso reproche la desnutrición, existirá paz en el mundo. Hasta ahora todo esta bien. Pero eso para ti saldrá mal. Un día escurriré mi mano más allá y sentirás mi mano, la sentirás y no querrás que la retire, porque la traerás con cuidado al mismo lugar donde antes, con tus ojos blanqueados, despreciaste, la llevarás al lugar ese donde el tocino formado despertará tu apetito, lo supongo voraz.

agosto 08, 2010

Calma, puedes estar acelerado.

Verbo y mandas a callar a la multitud. Tú, y el bastón que se agita entre los parroquianos, son el artefacto contra el deplorable hundimiento de los principios morales, de las viejas normas olvidadas. Ni las palomas con su resignación, ni los postes con su electricidad y ni los nietos con su alegría estruendosa. No ves que las avenidas se transforman, como la conciencia humana, como las motivaciones, tu vez es un detrimento del patrimonio o lo que supura de la arquitectura. Vez las marcas frenéticas, el afán, la desesperación. Reposa mi viejo cacreco. No enmiendas nada con los discursos que nadie escucha, ni resuelves el problema ancestral mostrandonos el camino correcto. En cambio sirves al mundo con la paciencia y con la velocidad de tus emociones.

agosto 05, 2010

El viejo burocrata

Nada peor que encontrar al viejo sentado en la oficina esperándome con la actitud de superioridad, la que le confiere su puesto. Más que me pesa saludarlo con la hipocresía que a los trabajadores públicos les gusta, pero eso si, el "doctor" no se me salió. Hago todo el preámbulo y la deferencia vinagre para que me deje entrar, porque sigo ahí en la puerta mientras él revisa unos papelitos y no se digna a mirar cuando saluda. Le digo: “mi nombre es tal y le había enviado un correo electrónico contándole acerca de mi problema”. "¡Ah si! ya se quien es usted" Contesta ahora mas subido en su pedestal: "mire, le voy a pedir que cuando tenga algún problema con aspectos administrativos venga, personalmente, porque por correo no se pueden solucionar" Entonces hago una replica formal: "Es que como el problema era con la asignación que hace el sistema para mandar imprimir un recibo de pago, pues creí bastaba el procedimiento vía internet" Dijo entonces: "No le aseguro nada, porque allá en la oficina de sistemas tienen sus fechas y no se si usted este entre esas fechas. Usted envió ese correo hace rato, pero le repito que debe venir hasta acá. Mandar a elaborar un recibo es fácil, porque incluso acabo de hacer uno...pero no le aseguro nada" Pregunto: ¿le dejo mis datos personales? "No, ya los tengo en el correo y con el procedimiento interno que yo hago aquí en le sistema con eso basta, venga el lunes, por la mañana a ver que pasó" Conclusión: el viejo quería verme en la oficina para comprobar su poder sobre mi, ya que hubiera hecho ese mismo procedimiento los día atrás cuando le envié el correo. La mañana del lunes,  estoy casi seguro, será una absurda perdida.

agosto 03, 2010

Advertencia

De tres a cuatro desmayos diarios recibe la enfermería del claustro. En la capilla, que es la primera estación del recorrido habitual, incluso después de innumerables, precisas y hasta aburridas –por lo obvias- recomendaciones, no falta quien vea en los ojos de la muerte un final feliz.

agosto 02, 2010

El día que te ví llegar

Sortearás el coche cuando se aproxime de frente y lo harás sin éxito. Mientras des las vueltas en el aire una película se revelará completa en tu cabeza, desde el inicio hasta el fin que coincide con la aparatosa caída. Me encontraré cerca de los acontecimientos volando en círculos, dejando que las puntas de mis dedos acaricien el pavimento y traspasen los materiales sólidos. Los aleteos son ondas que mueven las cabelleras de los curiosos, un domingo en la mañana; una señora organiza su cabello castallo que se ha desordenado por las ondas de aire a mi paso. Te ves hermosa desde estas alturas. Esperarás dentro del cascaron, querida, porque de allí no te levantarás en hueso, lo harás en espectro. Ese mismo día miraras mis ojos y reconocerás de inmediato el amor, en los mismos rasgos que olvidaste al nacer. Nunca es tarde para volver. Aquí estoy como siempre esperandote, aún en las visiones del futuro.

Ahora puedo verte salir de tu apartamento con el corazón hecho pedazos. Siento tus latidos y siento la respiración agitada. Sé que el hombre que dejaste adentro traiciono el juego sucio del amor. Jugaste limpio, bien por tus creencias. Asumo que las lágrimas no dejaron que vieras el Chevrolet acercarse de costado. Adivino que las medidas de seguridad, tan persistentes en ti, no fueran tema de importancia, pero salir corriendo a la calle en bata y en pantuflas fue una completa locura.

agosto 01, 2010

El hombre y su talento

Esa tarde se dirigía al Cedral contratado por los amigos de su esposa, Miranda, quien le rogo hacer un descuento especial. Caminaba sobre su único pie natural y se apoyaba en una prolongación a manera de pierna en madera de eucalipto. Mucho se había hablado de la prótesis, que parecía ser uno de esos logros mayúsculos de su prodigiosa forma de tallar la madera, poco en realidad de las circunstancias de la perdida del miembro y nada de los orígenes de su talento.

Amalgamado como un pecado tenía en su mirada los rasgos de dicho talento. Al constatar la presencia de los espíritus solía inclinarse despacio y saludar a las figuras que parecían recibirlo desde la distancia. Sus ojos, de un marrón pálido, producían el mismo efecto del ventilador cuando en un ambiente saturado de calor pasaban las corrientes de aire agitado. Incluso el mismo efecto del gato hidráulico para el peso del duelo, que como la roca de Eufrantes crece como una planta alimentada de los recuerdos; un mínimo artefacto para la tristeza de la muerte en el portaequipaje.

En su recorrido pensó en los mismos temas mundanos de siempre. En su paso y en la cadencia de la cojera, respiraba profundamente, cerraba y abría las manos con vigor. No usaba bastón aunque debería, los años traen desgaste a las articulaciones y a él ese bamboleo al caminar le había traído fuertes dolores de cintura. Unos años atrás podría haber hecho de su facultad una fortuna, pero de alguna manera a los espíritus les gustan las almas nobles con bolsillos pobres. Lo mucho que ganó lo repartió entre sus seis hijos y algunos ahorros deberán servirle en los años que llegan, porque la credulidad es una tasa de café sin orejas y no hay nada mejor que un buen tinto caliente en las mañanas. La experiencia de la muerte es vista como la finalización de un retorno y no como el inicio, o continuación, de la espiral; así, como conclusión, los clientes deben ser menos cada día.

Unas cuadras antes de llegar al sitio, salía de sus imágenes terrenas y se imponía una serie de rutinas trascendentales. Primero la respiración: ingresaba grandes cantidades de aire por la nariz y las expulsaba lentamente por la boca. Continuaba la imaginación: atraía los recuerdos queridos y las imágenes preferidas, inventaba un pequeño cuento con ellas. Por último cantaba una cancioncilla, que se había aprendido al revés y terminaba con un aplauso. Al término, se quitaba su pierna y se descalzaba el pie. Entraba en la casa repleta de pesares. Sonreía a los vivos y saludaba a los muertos. Usaba las paredes como apoyo y en saltos recorría la casa imponiendo un total silencio a los presentes. En unos minutos, en alguno de los saltos del recorrido, se quedaba inmóvil y desde su garganta salían los ruidos que poco apoco se convertían en palabras y luego en frases…en ese momento él ya no es él, es otro u otros.

Con el dinero y el estomago repleto regresa a casa. Algunos lo habían despedido entre lagrimas, agredecidos y con un nuevo semblante. La rebaja no se habia hecho efectiva, incluso aumentaron el precio con una bolsa de pan fresco, unas frutas y un bastón de Guayacan -que seguró en breve utilizará. En el trayecto separa en dos la paga recibida: en un bolsillo el valor con rebaja y en otro la rebaja. También vuelve a sus pensamientos que son los mismos de siempre.

julio 19, 2010

Recordando lo desvanecido

Han pasado los meses y entre las cosas importantes que puedo decir de este año, que se divide exacto por la mitad, son los tristes acontecimientos que resaltan un bloque de meses vividos: Una amiga que olvido nuestra vida como amantes y ese olvido se llevó parte de mi vida, parte de mi presunción. Un amigo que se revolucionó demasiado (como lo venia haciendo) pero que no pude soportar, quizás porque los brazos de las estrellas de mar crecen cuando se les cortan no asi a las estrellitas de pueblo, que solo nos crecen cuando se las amputa un enemigo, nunca un amigo, ese proceso es distinto porque se forman raices y la estrellita que antes se creia fotografiada en un mar de mediocridad le hechan mano las anclas ramificadas y por ahi absorve los peligrosos nitratos de soledad y los sulfatos de desilusión. A Gustavo Adrian se le iluminó mucho el cerebro y no sirvieron las advertencias de que usara un foco ahorrador de luz, un poco más costoso pero eficiente en el uso de la electricidad, él siempre tan terco y puso el Philips tradicional de 100 vatios con lo que por poco y se funde entero (Las cosas del cambio climatico, que a todos nos afectan). Mi chica me dijo que me queria y me lo repitio tanto, de formas tan sorpresivas y cursis que terminé por creerlo; mentira, solo eran los ecos de un corazón metido en la cueva del tiempo donde las voces golpean contra las paredes y nunca puede determinarse quien fue el que las pronunció; ella hablaba un buen italiano y su estereotipo seguirá presente, Chau bambina, il mio cuore... A proposito, un día sabré lo que significa desconfiar de alguien a quien amas.

julio 16, 2010

Los fines de semana, ella y yo.

La habitacion que habiamos reservado quedaba al fondo del pasillo. No era el peor de los hoteles pero debia ser uno de los más inhóspitos, dada nuestra preferencia a sitios apartados, económicos y extraños. Ana llevaba la misma ropa de los viajes anteriores: el vestido de flores purpura en fodo blanco, las zandalias de amarrar alto y el sombrero que se había ganado en la feria de Pamplonita. Ella había insitido en comprar el tiquete que no valia más que una cerveza y aún con mi negativa logró sacarme dos números; ella saltaba como un canguro basquetbolista cuando por los altavoces de la feria anunciaron el número ganador; el sombrero es una especie de obra de arte indigenista, pero muy resistente y la acompaña desde entonces. A mi me gusta viajar en bermudas, con las chancletas de caucho y con la manga ziza de la camiseta, los lentes oscuros baratos -a los que pedí rebaja- y la cachucha con la visera hacia atras; esa es mi pinta de viaje, a lo que respecta a tierras calientes, para las frias agrego el saco de lana con cuello desvencijado, lo demás sigue inperturbable, ya que, siendo mis piernas huesos apenas recubiertos la temperatura poco se percibe propagandose en su superficie peluda.

Las tardes son las que nos sacan de la habitación puestas a punto con el hambre y el afan por los bailes. Habiamos hecho el amor desde las cuatro, hora en que descargamos la maleta, Ana dejó el sombrero en una puntilla y yo me quite la cachucha dejando ver mi pelo crespo seductor tan apilado y quieto como la cabellera de una estatua romana. Sus pechos -me había señalado- se habian caido un poco desde el último viaje a Anapoima; se los tomaba entre sus dedos regordetes y los levantaba hacia el lugar donde según ella estaban ese día hermoso de abril. En mi interior apasionado guardo la imagen primera de mi mujer dando saltos en un trampolin, con sus pechos siguiendo las trayectorias inerciales pero contrarias de la oscilación de la plataforma, allí, en ese momento, en esa danza árabe de las piscinas públicas, sentí lo que es el amor cuando salta en rollo a la piscina, salpicando gotas de pasión a los presentes.

julio 12, 2010

En la jaula

En estos momentos la esperanza sería como agua potable embotellada flotando en altamar. Nos hemos acostumbrado, eso si, mucho menos a los traslados que son insoportables, además, una caminata más y la ración de alimento empezaría a ser motivo de combate. Este parece un sitio alejado y escondido, de ahi que llevemos tanto tiempo en un mismo lugar. El agua mencionada, que en mis sueños he saboreado, también se desliza sobre la guaduas que hacen de canaletas, en el improvisado acueducto que debe parecerse en algo a los que el Vietcong, pero en los dominios temporales de colombianos en montaña o montañeros en camuflado.

Sobre las condenas no hay memoria, no deberiamos, y de vez en cuando nos recuerdan la penas que estamos pagando; aveces pregunto mi nombre y pido un espejo para relacionar ese sonido, con mayúscula al comienzo, con una figura humana, incluso, si fuera posible un deseo mi nombre sería Ringo, porque significaría ser un perro y los perros la pasan -y eso que el siglo XX fue austero en especies, ya todas en peligros de extinción- tan felizmente como lo hacían antes los burgueses o los herederos al trono. Al final me lanzan una sucesión de insultos poco ingeniosos y ni aparece el espejo aunque desearía el trato de perro (actual); la constante repetición del número me ha llevado a olvidar ese nombre viejo y a remplazarlo con las tres cifras asignadas.

No hay nada peor que ver el agua circular con ganas de ser bebida y peor aún la sed que no conoce de relevos; al hambre, por ejemplo, se la puede convencer con hojas o con insectos: abundantes en la tarde y en esa masa verde que antes me parecía una obra genial del creador. La sed nos quita las palabras y de ahi, creo, eso de la conversación poco fluida. Hoy pienso que el creador fue una obra genial y que un cerebro como el mio, muerto de hambre y de sed, no encontró en que más entretenerse. La ingeniería y su aplicación a los acueductos debieron surgir de personas bien alimentadas.

junio 30, 2010

Sin salida

Con la frase: "igual es mi miedo al pasado como el miedo a la sombra" termina Lucrecia el diario que es solo un cuaderno común de colegio en el que los últimos seis meses escribió acerca, y en forma constante, minuciosa, su miedo a la propia sombra. Esta es una extraña condición donde la persona teme a la proyección oscura que de su cuerpo lanza, en el espacio, y en dirección opuesta, a aquella por donde viene alguna luz. Condición (casi como una enfermedad) que no ha sido bautizada aún con una palabra que termine con el sufijo -fobia. Algunos han llegado al consenso de llamarla Umbrafobia, que es la unión de la palabra sombra en latín y del sufijo mencionado. Han sido pocos los casos reportados y entre esas pocas evidencias, que algunos investigadores han resaltado -tal vez porque no quieren cargar con el descrédito- como rigurosas y detalladas. Por el contrario, más bien podríamos clasificar estas investigaciones como incompletas y/o sospechosas. Sin atenuantes, y para fortuna de la investigación siquiátrica, nos encontramos frente a una excepción.

Lucrecia nació en la localidad más extensa e inhóspita de la ciudad de Bogotá, Sumapaz, resumida como una basta región fría de paramos y de pastizales. Creció en una familia campesina acomodada que tenia extensos cultivos de papá tanto en la localidad como en el departamento de Boyacá, del cual el apellido paterno es originario. La familia era numerosa pero bendecida (recordando las afirmaciones claras y en voz alta, algo ronca, de don Froilán) con seis varones fuertes y obedientes. El séptimo, y esto es también una afirmación familiar, es más una maldición equivocada, que un barón a la mitad. La niña, quien no pronuncio palabra hasta los 4 años, y al que el abuelo Leónidas le había puesto con cariño el apodo de la muda, siempre fue tan extraña como su enfermedad.

A la oscuridad, por el contrario, nunca le tuvo miedo. El pasado era distinto porque siempre se veía reflejada como la otra parte oscura que nunca podía esconderse. A la luz, merecían los versos, podían verse tanto los rasgos como la proyección obscena de las siluetas, unos contornos que ondulan por las piedras o los muros mientras se camina. Un pedazo de realidad óptica con los corpúsculos de vida incluidos y en una vida alterna, otra realidad que no se puede desprender, salvo se apaguen las luces. Y así lo hacia, desde cuando se sintió perseguida por el individuo, al que no reconocía, al que odiaba y por ello temía. Se encerraba en un cuarto. Antes, tapaba metódicamente cualquier filtración de luz solar y se quedaba allí disfrutando de su propia esencia sin reflejo, sin color. Lo primero y más propicio en desarrollar fue el tacto, con quien presenciaba una realidad ocular, sin la continua distracción de la retina. Un pañuelo doblado cubría sus ojos, por seguridad y porque la presión ejercida sacaba los mándalas multiespectrales de dentro, y sin una comprobación, del claustro sabio de un cerebro evolucionado, con miles de códigos almacenados. ¿Pero si cubrirse los ojos disminuía la sensación de peligro, porque no cegarse por completo? Fácil, al negar la existencia visual de la sombra no elimina su prolongación real mientras existiera luz: eso por otros millones de años. Porque, además, presentía el movimiento detrás de ella; incluso, la escucharía rozar las hojas, mientras sus pies reales las hacían crepitar. El juego no era el correcto, debía ser una sola entonación, un único machaque. No quedaba más remedio que morir.

Así lo hizo, no sin antes terminar su diario que escribía con garabatos poco ininteligibles.

junio 23, 2010

El tiempo en contra

En este preciso momento: Pierdo la calma y salgo corriendo; la esquina esta lejos, doblar es un remedio- ¿cómo puede parecer tan lejos corriendo a toda prisa?- prima la confianza, hermana la novedad, la salvación en las manos del azar.

Quince minutos después: Doblo y con terror compruebo que es un callejón sin salida, tal vez así sea como se asesina la útil esperanza; escucho el golpeteo de las suelas que se aproximan, no pienso en el sonido del galope en el cemento - en algún momento, si existe futuro, de lucido escribir, lo hubiera podido rescatar como metáfora-, porque un par de hombres en concreto completan las extremidades del animal y si las matemáticas no fallan deben ser dos caballos y medio. Espero no sentir dolor mientras me hacen colador.

Veinte minutos antes: Dejo a mi chica en el taxi a quien las copas no le sentaron, antes me pregunta preocupada, y es por lo lejos e inseguro que se le ha vuelto el centro de la ciudad, por el rumbo de mis pasos, cuando me despida de sus labios de caramelo; le miento acerca del dinero: no tengo un peso, voy a caminar hasta la casa, no pude ser tan lejos, calculo que a buen paso es media hora. Ella presiente algo que solo el sexto de los sentidos puede avisar, no duda en decirme que si la mamá pone inconvenientes en la estadía, podría ser esta la madrugada última en llamarle hogar a ese lugar.

junio 22, 2010

Una mentira repetida mil veces

El parque o centro, uno, o mejor casi único, aserto del pueblerino y su corte que marcha por las mismas y chismosas calles. Arriba- que es como en Bogotá el norte- se encuentra ese, no sé si agradable o deplorable, lugar de confluencia obligatoria, con los enormes árboles y palmas, de belleza vegetal, allí constantes y, ¡sin culpa!, adornando la plaza que les debe todo el brillo, toda la simulación de semi-eternidad prodigiosa, de crecimiento constante. Abajo de las copas, el pueblo, que languidece; los recuerdos desgastados que justifican el fervor popular, incluso, hasta replicando al infante, al inocente, el gusto enfermizo por el pasado prospero. Mi pueblo resume el veloz nadado de perro de su evolución en una estructura sin imaginación: una plaza con prados y árboles a la que rodean cafés y tiendas, bancos y panaderias, unos supermercados, bares y discotecas, el paradero de los taxis y buses...Les hago caer en la cuenta de lo parecidos que somos entre miserables y de las escusas que utilizamos, tanto miserables como decadentes, para argüir: "nosotros no estamos tan mal". Pueblo de mis recuerdos, vives en la modorra y de los que se marchan. Calles repetidas, aburridas; aceras con moho, pinturas descascaradas; losas de concreto con pastos emergentes, ¿asi quieres convencerme de tu majestad?.

junio 19, 2010

Saramagüito

Viejito donde vayas estarás contento. Me imagino que en este momento ya resolviste las preguntas por las que construiste un estilo: Dios existe o es acaso el peor de los inventos del hombre. Es que, como pensé un día al leerte, cuando la muerte llegue será el momento para comprobar un dogma: la vida después de la muerte o los gusanos que comen la carne indolora, con la impecable puntuación, perfecta asi, del punto final. Me recordarás que mejor es ser una vida más que desaparece para siempre, sin alargues, sin nuevos capítulos. Confio que vivirás un tiempo más entre nosotros, como Ricardo Reis, lo que no sé es como y bajo que elemental podría ser; te aconsejo una efigie eclesiástica, ¿puedes hacerme un favor? no olvides hacer ruidos extraños en las noches. Igual Don Saramagüito un fantasma como vos, más querido que Gasper. Chau viejito, re-leeré los libros que más me calaron de tu ingenio y compraré Cain, "para que no digas que no pienso en ti".

junio 18, 2010

Nuevas pestes

Desecante la muerte viene

Las rosas del jardin se convirtieron en rollos de petalos negros cuando la nube espesa pasó sobre ellas. La nube peregrina había ya devastado los jardines principales del castillo y no había dejado planta viva, hasta los enormes robles de la entrada, en dos perfectas lineas que acompañaban la via desde el enorme portón metálico hasta los jardines bajos, que consistian en un cesped diminuto y sempervirente, con algunas islas globosas de rosas de petalos grandes, se habian achicharrado como si hubieran sido víctimas de un incendio incontrolable. Un jardín interior, que adorna una fuente de dos niveles, con caballos y guerreros, con leones de aliento chorrenante y algunos ángeles, es el lugar por el cual la nube cruzaba con su lentitud mortífera y que se observaba en plenitud desde las ventanas de los cuartos del edificio contiguo, donde un niño, sin atender las recomendaciones de la institutriz, miraba por entre las cortinas.

La señora Melendez, una señora gordita de aspecto religioso, escuchaba en la radio el último parte de víctimas. El aparato desgastado estaba sobre una comoda, de las seis, que los niños compartian dentro del enorme cuarto. Con los ojos cerrados, la señora Melendez, sentada junto a los niños rodeando la radio, algunos sentados en el piso, otros en las camas próximas, que se alineaban contra las ventanas, oraba acompañada de las fragiles pero audibles voces y no podía ver al joven Ulises mirando cada vez más interesado por la ventana con una sonrisa en su pequeña boca, tocando el cristal donde la nube empezaba a apretujarse, parecía atender como, desde afuera, recababa el sonido tormentoso de un trueno a media voz y lo convencia del todo; entre tanto, el vapor rodeaba los ventanales, como si buscara una hendidura; tal vez sintiendo la vida palpitar del otro lado.

junio 17, 2010

Nuevas pestes

Iracundo

Aceptemoslo. El viejo no lo soporta ni la mecedora en que se sienta a ver pasar a la gente por la calle, entre ellos algunos desprevenidos que reciben el don de los buenos modos de un anticuado baúl de recomendaciones, que abre y cierra dejando salir sabiduria y al que se podría llamar boca ("podría" del verbo podrir). Pero es que no soporta la velocidad ni la pasividad, ni el ruido -aunque el silencio le sienta como un balsamo, aún así nunca es apropiado desactivarle el dispositivo auditivo- ni las modas afrodisiacas; o mejor como las llama él: la meretrización de las vetiduras juveniles. "De esos querida -le grita a la vecina- de esos vestidos soliamos desprender cuando llegabamos de las minas a tomarnos unas copas"

junio 16, 2010

Silueta

Con las segundas migas mi felicidad se extiende. Arrojas un pedazo de amor manoceado y me lo como con gusto. Sé que cuando despierte ya no estarás allí donde te dejé, cansado. Cuando mi cuerpo se cargue de nuevo ya no estaras tú como polo a tierra, como pararayos. Te iras y no llamarás. Esperaré que regreses pero eres como un vampiro que entra a mi cuarto por invitación y a horas intermedias, las horas pico deben ser para tu novia o amante reciente. La esperanza que me acompañaba se ha convertido en una calidad de sobrecogimiento, compensada por las mismas razones por las cuales ya no estas junto a mi, al menos de la forma constante y calida de los primeros meses; la costumbre o la sensacíon de triunfo: de alguna sacas tu poder. Estira al menos una mano y tocame en la oscuridad, siente la piel de gallina y el frio que recorre en olas por mi espalda, reconoce que es amor lo que siento y dime algo que pueda recordadar, algo de verdad detestable.

junio 09, 2010

Foto de carnet

En todo se le parece, iguala con meritos la nariz respingada y los ojos expresivos; sabe de los dientes blancos y encarrilados porque sonrie a cada rato dejandolo sin aliento. Sin temor guarda la fotografía dentro de la billetera, como un necesario deja vú, para asi, en algún momento, darse una dosis a su disminuido ego treintañero. Ayer cumplieron dos meses y mañana, preciso, hubieran cumplido quince años. La diferencia entre las dos es, si es acertada llamarlo asi, curiosa. A la última parece conocerla desde hace mucho tiempo; a la mujer de la fotografía le parece que fue ayer cuando la vio por última vez. Alguna vez trataron el tema del tiempo. De las horas de discusiones sin ninguna conclusión salió la fotografía. Aunque ella tenia la creencia absurda de que las fotografias robaban una parte del alma decidió tomarse una y asi dejarle la sensacion de estancamiento, de la que el tiempo hace uso, en muchas ocasiones, para agarrarnos viejos y recordando amores de adolescente.

junio 08, 2010

Intenta esperar

Detras de la casa, sin que nadie lo notara, se sentó a contar el dinero. Habia suficiente como para comprar los tiquetes, una maleta y unos pantalones. Escarbó con la pala de jardineria en alguno de los postes de la cerca, que pasaba justo a unos metros del muro. Desenterró una caja de hojalata, alguna vez utilizada para guardar galletas de soda, en cuyo interior estaba envuelto, en una bolsa de plástico, el resto del dinero. Habian pasado dos años y depués de una serie de pequeños trabajos en la finca como de algunos robos a los vecinos estaba preparada para buscar a sus padres.

Rutas del engranaje

Es una madrugada diferente, esta vez, los dos, iban en la vieja camioneta continuando su trayecto por las montañas, por las peñas lloronas. Nombre que proviene de unas palabras indigenas, por cuenta de los arroyos que caen, y en muchas ocasiones, sobre los autos que miden las carreteras talladas en las abruptas pendientes. Los avisos recuerdan la cautela con la velocidad pero Julian hundir más no puede el acelerador; la tercera, que no es la última, el aliento final de las velocidades en el destartalado pero confiable Ford 75. Ana mira los precipicios a la derecha, el vidrio está del todo abajo, y saca su mano blanca para que el aire pase por sus dedos abiertos. Las casas se parecen a cajas de cerillos, a un pesebre decembrino donde Kaiser, si se descuidaban los presentes, solia echarse. Algún día tendrá que contarnos con detenimiento esa mañana cuando el perro se levantó con las ovejas adheridas al pelaje amarillento y a Maria siendo transportada en el hocico. En la radio suena la canción de Arizona loves mientras el paisaje recupera la linealidad, ya que las curvas nunca fueron buenas para el inestable estomago de la mujer. Alguna depresión en la carretera le hace simular el vacio, la sensación de vertigo, de la montaña rusa de su ciudad natal, que sus residentes nunca se cansaran de recordar es la estructura en madera más alta de la costa oeste. El piloto que no es un chofer, aveces la mira sonrreir. Estira su mano y acaricia sus piernas delgadas que sobresalen del vestido de flores blancas. Ella nunca ha aprendido a contener sus emociones y se precipita sobre él con un abrazo felino; se sontiene sobre su cuello rollizo y le besa al estilo burgues. El Auto sale un poco de la via, pero vuelve al curso, en la linea recta, dejando atras las montañas de la reserva. Del estómago estan mejor y del ánimo también. Los primeros diez kilometros de escape, ¿qué diran los hermanos, los viejos y Kaiser cuando despierten?

junio 02, 2010

Elecciones 2010

Los mismos con las mismas -Dijo sorpresivamente y en voz alta dentro del bus repleto.

No faltaron las miradas sorprendidas ni los susurros que pudieran adivinarse. El tono de voz fue el de siempre, similar al del predicador, de gruesa voz y marcando el espacio entre las palabras. 

Nos merecemos nuestro maldito destino- Dijo ahora con mayor volumen, más entraña. Cerró el periodico, lo dobló en las tres partes y se lo metió en  el bolsillo de la chaqueta. Las miradas se transformaron en cercas de alambre. Se acercaba el paradero que le correspondia y mientras el bus se detenia y abria las puertas el dijo, señalando con su dedo indice huesudo, a un ser que los representaba a todos:

Yo no vote por su candidato, que les quede muy claro, ustedes lo tendrán que justificar y a mi me queda soportalo.

mayo 25, 2010

Todo a su tiempo

¿Qué estará esperando el cocodrilo para emerger? El estanque esta en calma, la superficie sin huellas de ondas, solo con algunas hojas secas que hasta el viento a dejado de mover; tiesas las minúsculas hojas de las acacias del paisaje arido, austero como nunca del verde provocativo. ¿Qué necesita el depredador para precipitarse sobre el animal? El mamifero se acerca sediento a la orilla a beber, con la confianza que a todos nos mata. ¿Acaso espera un momento propicio? ¿Existe acaso la oportunidad perfecta? Me imagino que debe esperar la sensación refrescante del agua entrando por la garganta seca, cuando los ojos se cierran y en la oscuridad del parpado se sienta seguro, será precisamente ese momento de placer cuando la carne del mamífero sea más sabrosa.

mayo 24, 2010

Cura imperfecta

Un día despertará Lucio. Esa mañana será espantosa para los habitantes de la urbanizacion flores de la tejada, en el costado más empinada de la montaña. En Manizales todos queremos tener patines con frenos de disco y así volver más fácil el desplazamiento por esta calidad de resbaladeros de cemento. Desfortunadamente, después de cinco años en coma, es precisamente la calle de Lucio la que no se ha pavimentado, dicen por que no hay mezcla que se quede pegada en esa pared que tiene por calle. Lo veo sacando esa cabeza sin pelos por la ventana cuando mire la ciudad desde el segundo piso de la casa aún en obra negra y de inmediato se acordará de nuestras deudas. Sabrá que nadie se escapa al cuaderno doble-O repleto de quién debe a Lucio; me tendrá de primero en su lista con la carretilla que me prestó tres meses antes del accidente. Menos mal esta parqueada en el patio junto a las materas de la millonaria y las rosas; él sabe que llueve mucho en la montaña, porque ha llovido bastante, y seguro no tendrá en cuenta el óxido que se la está tragando sin compasión.

Only love can sustain

Aquel flaco desnutrido confinado en una de las esquinas, pastor de tonterias y zalamero irredento, con mas ojos que cara, el pobre, persiste en su empeño. Aveces me trae motivos, algunas inspiraciones. ¡Hey flaco, acercate un poco, quiero que me cuentes alguna historia de amor! Al escualido le fascinan esas historias, se las sabe todas, si no, como dice el abuelo: se las inventa. Le permito, por esta vez, que se siente a los pies de la cama; el sonrrie siempre, le da lo mismo el piso duro, un gesto como este le hace brillar su mirada profunda, cierto escrutadora. Algún día fuimos amigos, amigos de verdad, porque lo admiraba y con él repasaba el paciente recurso del respeto, le seguia hasta en las intentonas fatales, pero no soporté tanta desilusion; a él aún le importa nada los portazos en la cara. A ver, cuentame esa historia- le dije presumiendo. No, esta vez me vas a contar una a mi- me responde sin quitarme los ojos de encima. ¿A que te refieres muñeco?- Me apresuré aún confiado. Adivino que fue ella quien te llevo a recibirme otra vez, ¿cierto?...no me engañas gordito, tu quieres creer en mi otra vez. Al amor no lo matas de hambre.

mayo 21, 2010

No me pongas tus cadenas

La semana pasada en la misma mesa del centro comercial nos sentamos, ella y yo, como en la tercera y cuarta cita, para hablar del pasado. Un resumen de la catástrofe puede contener un bostezo de mi parte, una rabieta tuya pero nunca fallamos en la perturbación, hasta en los señalamientos. Parece que nada de lo que haga puede satisfacer tu necesidad de venganza "de sacarte la espinita" con migo, incluso te he dicho que puedes hacer uno de esos descargos físicos que acostumbramos los hombres de cantina: darme un par de trompadas es una forma de liberación emocional, pero rehusas esa alternativa y procuras ir más alla, me hieres por dentro.

mayo 20, 2010

Sutil pero profunda

Un mecanismo se la habia instalado en el torax, cerca del corazón y amarrado con cables de cobalto a las costillas. Era una caja hexagonal liviana en la que se apretujaban una significativa cantidad de conexiones y componentes nano, regidas todas por un microprocesador de 2.5 Therabites. Configuración anticuada para la época, pero asi la única e ingeniosa forma de salvarle la vida en el campo de batalla. Un cable emergia por uno de sus lados largando en su trayecto la traquea y el esófago, pasaba casi superficialmente por el cuello confundiendose con la vena yugular para asi meterse en el cerebro, en alguna parte de la agmígdala.

Cuando despertó sintió un leve cosquilleo en el pecho, la única molestia en aumento. La cicatriz era tan fina que solo se percató de ella por la interrupción que esta habia hecho en el tatuaje, cerca al pectoral izquierdo: una obra maravillosa que detallaba perfectamente el rostro de su hija cuando tenía seis años. La linea delgadisima pasaba por la frente del rostro moreno artificial y pensó - tal vez mientras pasaba tiernamente los dedos por el dibujo- que seguro era algo que un retoque puede mejorar. A propósito, el primer recuerdo amistoso del comado fue ese en que todos se sorprendieron al ver cerca del tatuaje la foto de la nena, ahora adolescente, pegado con espadarapo. Entre tanto, sobre la camilla, se esforzaba en recordar algo y podría ser incluso su nombre.

Lo que hace ese aparato -le dijo el Teniente Dr.Virreion - es controlar ciertos procesos que su cerebro no está en la capacidad de hacer por el mismo; dada la afectación que ha sufrido, algunos de dichos procesos son espontáneos, lo que quiere decir que mientras el procesador identifique alguna de las posibles interrupciones contenidas en su base de datos integrada, tomará el control y enviará las ordenes como pulsos eléctricos codificados y asi culminará el proceso interrumpido.

Entiendo doctor -dijo, viendole a los ojos, sin entenderle una palabra.

mayo 18, 2010

Clandestino

En un bolsillo de la chaqueta, mientras el aguacero empezaba a evolucionar, encontró la pieza de papel periodico donde habia escrito el número. Pero era tarde ya. No habia tiempo para regresar ni un lugar donde hacer la llamada. ¡Estoy seguro que busque aquí antes! -dijo con una mezcla de amargura y remordimiento. Entonces lo que bien convino con el destino, quien para él es el único responsable, fue ver como se deshacia el papel en sus manos inundadas por las goteras del aguacero manifiesto.

Ocupación engine

Esta vez el periodico del domingo se lo había traido el hermano. Lo habia dejado en la mesa del comedor junto a las aspirinas de Amanda, su mamá, a la hora del desayuno. Como tenía que salir deprisa porque habian muchas entregas que cumplir, olvidó sacar lo único que le ha interesado del periódico: los deportes y las caricaturas, que por lo general venian en una misma sección.

Él sale del cuarto a eso de las 10 a.m aunque no significa que sea esa la hora de despertarse, frecuentemente pasaba unas horas leyendo un libro o pasando los canales buscando la liga italiana, premier ligue o algún video escaso en Mtv. Se sentaba poniendo las almohadas de espaldar y se bebia el tinto, ya frio, que Amanda le ha llevado desde temprano.


Buenos días mamí. Buenos días mijo. ¿Quien trajó el periodico?. Su hermano, hoy madrugo harto...pobrecito, ese trabajo no le deja descanzo. Mami, ¿me puedo comer lo que hay en el sartén?. Claro, es la parte de desayuno, deberia levantarse cuando su hermano llega y así se lo puede comer fresquito, no importa si después se vuelve a acostar, usted sabe que utilizar tanto ese micro-ondas es malo para la salud. Fresca mami, esos son cuentos no más. ¿Mijo? Si mami. Aproveche que su hermano le trajo el periódico y pongase a buscar trabajo en los clasificados. Si mami, yo busco; le quedaron ricos los huevos con jamón.


mayo 16, 2010

Conmemoraciones

4.

Un provedor se descargó entero. Nada que hacer con una vida arrebatada a balazos porque se escurre, se precipita con cada detonación, es consumida por la llamas de un desesperado partir. Cada bala es un sepulcro en forma de agujero. La velocidad del sonido, o más de esos metros por segundo en una ojiva dispuesta, siempre atenta y obediente. Penetra y sacude, cada una de ellas quita un poco, un intervalo de vida amontonado en tejidos. Lamentable la conclusión del forense pues es de la última que se deriva el deceso. No, es injusticia, la misma que saca de paño los perros a pasear; siempre atento, desde luego, el mal dando vueltas con cigarrillo en los labios, aveces en full moto de alto cilindraje. "Abajo el soporte de las piernas, conduce rapido hombre que quiero sentir el viento dandome en la cara con fuerza DRIVE FASTER MAN, DRIVE FASTER..."

Querido percurtor. A mi las sabanas de terciopelo me estorban el hombro y el agua se escurre por la espalda cuando me miro en la noche dentro del párpado, allí está la cara de un joven que pide clemencia o de una mujer que cuenta la paga. El ministro tendido en la acera rodeado en un charco de rojo vino, ese bebedizo apreciado por vampiros. Querido percutor, te ha precedido el gatillo; me han precedido las penas a mi pero nunca les he culpado. Mira mi llaga del dedo indice como el callo del estudiante y como recuerdo del asesino.
Si algo he aprendido es a reconocer mis errores.







La chica del juego

Me pidio cortésmente cantarle la canción. El niño que se reia me miraba un tanto sorprendido, acaso atraido por mis gafas enormes y cabello en punta, de alguna forma le hacian gracia las sorpresas. La canción de cuna empezaba con una estrofa singular de dos duendes que se marchan al amazonas: un bloque de selva hambrienta que seguro se los tragó y dejó de ellos los sombreritos verdes flotando en el enorme rio serpiente; no me afano en imaginarlos llevados por la corriente y encima de las pirañas, porque el verde en el amazonas es un leitmotiv que enceguece. Total los duendes son la plebe del imaginario colectivo. Ella me habia escrito la letra de la canción en un papel reciclado, creo que fue en el segundo intento de una carta de despedida, al juzgar por la fecha, que me habia escrito el año anterior. Sin embargo, después de tener la carta final en mis manos el borrador me parece fecundo más lleno de rencor y de pasión. "Niñito entederas el poder de la pasión a su tiempo y ojalá sepas servirla acompañada".-le dije pasando mi mano por la cabeza diminuta y llena de esa especie de mota que tienen por pelo los bebes. Al niño le reconozco los ojos del abuelo, pero no me reconozco en él. No sé si quererlo, no se si despreciarlo, un niño, para mi no merece más que amor y paciencia. El amor se lo podria dar, la paciencia la tengo embargada.

La mujer, creo, está cocinando, tal vez convencida de que al hombre se le conquista por el estómago. Prefiero un buen polvo a un risotto a la gorgonzola. Creo que deberiamos dialogar más respecto a los estereotipos. Y si es porque necesita hacerme sentir parte de esta familia de la que soy advenedizo, mejor que espere al esposo, total, esos ingredientes incluida la traición los pagó él.


mayo 14, 2010

Amasijo

Su mirada sobre una lectura es como aquellas maquinas que leen códigos de barras. Allí entre lo blanco y lo negro, en forma totalmente vertical, su mirada descubre el código. Le hablan los grafos sobre existencias, tonos y mentiras e incluso hasta de composiciónes nutricionales y emocionales.

Basado en una publicación de Poliedro. El Espectador Mayo 17 de 2009. 10.58 a.m.

Conmemoraciones

3.
Herrera: El cuerpo de esa mujer es un residuo que persiste en mi cuerpo.


Aldana: ¡Raro! Usted con ese tema...


Herrera: Es como un miembro mutilado del que todavía se conserva la sensación de movimiento.


Aldana: Lei por ahi que algunos incluso sienten picazón en la mano o en el pie obliterado; me imagino rascar el aire...


Herrera: Sirvame más vino barato que es el único estereotipo metal que conservo.


Aldana: Usted y esa mujer se me parecen a esta copa de vino, en el cual las uvas son fantasmas.