noviembre 18, 2010

Sin remitente

Al reverso venia pintado un Hippocampus, el papelito, de un blanco impreciso, había resultado inesperado dentro del libro de biología. Las frases no eran menos de cuatro, pero resumían todo el rencor de una mujer ofendida. El dibujo, contradictorio para el mensaje, estaba dibujado con calma y coloreado, si los tonos de grises pueden asociarse bajo esta definición, siguiendo la dirección de los anillos que enmarcan el cuerpo rígido. En los ojos había puesto una de las piedras de fantasía, del color de los rubíes, cuidando en dejar los ángulos más agudos se apoyaran sobre el papel; unas baratijas que guardaba en una cómoda que ayudé a construir. El cajón inferior –he repetido, que fue por las instrucciones ambiguas del libro de instalación- tiene un juego especial, de jalonazos rápidos, para poder abrirse. Agradezco que me escribiera. Que se tomara el tiempo para maldecirme. Así les compruebo que, hasta en los peores momentos, siempre hubo comunicación entre nosotros.

2 comentarios:

Sofía_ Selegna dijo...

Caray, es como un odiame pero no me olvides...

Me encanto.

Saludos

Vincent dijo...

¡Buena entrada en verdad amigo! ¿Qué habrá sucedido para recibir un mensaje así?

Me gustó mucho la última frase.

Un fuerte abrazo.