agosto 26, 2010

Un cucurucho en Santiago

Mientras los acontecimientos ocurrían, en algún lugar de la ciudad salsera, una joven practicante, próxima monja del claustro, oraba por los males del mundo. En sus dedos blanquecinos como planta enredadera se sostenía el rosario. La chica que no superaba los quince estaba arrodillada mirando hacia la claraboya del sótano, en la vieja casa de los abuelos paternos. La luz que podía filtrarse hacia de su rezo la representación de la oscuridad en las almas a veces iluminadas por las tenues migajas de sabiduría del cielo, a quien hace poco le vino en gracia reclutar virgencitas bobas para su ejercito particular.

Sabios son los consejeros familiares, aunque la solución era un poco reprochable, si, pero de nada le serviria a los Amador Gonzales tener a su única heredera como una casta seudo-virgen millonaria haciendo caridades con la fortuna que, mientras se forjó, no respeto credos ni súplicas. Asi que, mientras buscaban una solución a la "locura temporal" supuesta, mejor sería que se quedara en alguno de los numerosos salones interiores de la vieja casa paterna, en algún tiempo utilizadas como bodegas de contrabando, guarida de paramilitares o salas de interrogatorio.

4 comentarios:

Mireya Huerta dijo...

que imaginacion :)
pero no me seguiste jajaja saludos balam

Balam dijo...

imperdonable descuido el mio...

Mireya Huerta dijo...

buenos dias!
bueno aca ya es de dia :)

Sofía_ Selegna dijo...

hola amigo. No he leido Los Premios de Cortázar. Es un autor nuevo para mí que estoy conociendo y me ha encantado. Pero está en mi lista para leer y espero podamos comentarlo.

Un abrazo