febrero 12, 2010

Movimientos aislados

Esperaba Julian la hora de su muerte, encerrado en a habitación 402 del edificio Gibraltar, segunda etapa. Cedrello y sus esbirros subian por las escaleras; el asensor estaba dañado. Ana, su madre, pedía a Dios por la salud del hijo ausente, ya que, victima de un palpito repentino, dedujo que algo definitivamente horrendo pasaría esa noche. Margarita, novia y delatora, lloraba angustiada, sabia que indicar el paradero del fujitivo habia sido el peor error de su vida.

Julian recostado sobre la cama tendida, con el celular de gama alta sobre su pecho, miraba el techo como pantalla de cine, donde ponia en escena su corta pero precipitada vida. Algunos recuerdos son tan comunes, otros son tan corrientes. Muchos deberian ser alegres, pero son los bochornosos y tristes los que siempren estan tan a la orden. El día cuando jugando microfútbol en la cancha del barrio, viendo pasar a Rosita, me elabora ella una sonrrisa, la miro juicioso y provocativo; entonces, siento el balonazo en mi cara entretenida..

Margarita y sus mensajes de texto. A horas inesperadas, un tema inesperado, un mensaje. Tal vez sea una forma de distención, ya que el plan post tien los minutos suficientes para tantos e inutiles temas, via voz claro, pero ella ha encontrado que sus dedos en la Blackberry son tan diestros que podria decir más y en menor tiempo. Algo que los detractores de la nueva y veloz literatura emergente de los chats, comentarios, opiniones (al lado de las noticias de farandula, en un provocativo: ¿Usted que opina de...?) y otros liliputienses informativos, que no por ser reducidos dejan de ser profundos, son vistos desde la vieja escuela como un atropello a la composicion gramatical, estilo, sintaxis, prosa; y, reposa sobre los creadores el signo de la decadencia. Juzguen ustedes: "Flaco. Perdoname. Te encontraron"

A manera de amasijo, el asesinato fue sencillo. Cedrello ordena tocar la puerta. No hay respuesta. Ordena derribar la puerta. Un disparo, momento despues de la inrrupcion; la bala entra craneo a dentro en uno de los esbirros. Disparo dos y tres que dan en la pared; cuatro, cinco en el jarron y la mesita, respectivamente; el seis no puedo ser detonado, ya que dos balas atraviesan la cara y el estomago del propietario.

"Flaco. Flaquito. Dime que estas aún vivo"






2 comentarios:

Hugo A. dijo...

Don Olto, si bien ahora mismo no tengo tiempo para comentar como se debe los escritos de su blog, cumplo ahora mismo con visitarlo. ¿es un experimento individual o en compañia?. Independientemente de la respuesta que bien que decidio participar, yo no lo hago pues siento que no tengo mucho que decir o trasmitir.

Balam dijo...

Hugo. Gracias por su participación. Es un experiento individual y local. Y al respecto de participar, soy un convencido de que usted tiene mucho que decir. Bienvenido.